A pesar de las guerras y las dificultades de la época, los hermanos, con la ayuda de Olga Pagani, continuaron la actividad con provecho. Los clientes fieles y el espíritu de equipo de los colaboradores y proveedores dieron un gran impulso al negocio. Las especias se abastecían a través de los comerciantes europeos del puerto de Rotterdam y llegaban de todo el mundo, especialmente de las colonias holandesas e inglesas.

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